Girls -El splitboard y yo-

El tiempo ha pasado y muchas cosas se mantienen iguales: la ilusión por vivir, el aire libre, el viento, el olor a libertad…

La montaña, con el paso del tiempo, me ha llenado el vacío que tenía desde joven. Mis inicios fueron en una estación de esquí como “currante” de la montaña. Aprendí a tener paciencia y mientras esperaba a los clientes aprovechaba el tiempo para andar estación arriba, con la tabla cargada en la espalda, los palos en las manos y gozando del paisaje y de mi compañero de fatiga. Pienso que ha estado y sigue siendo aquí donde la nieve, la montaña y los amigos a los que quiero me conquistaron.

Cuando empecé a dominar la tabla, quise descubrir qué era bajar una montaña de verdad (una montaña sin pistas), como si fuese un “fuera pistas” permanente; aunque no siempre es señal de gozar de nieve blanda y descensos espectaculares. El tema es que empecé a hacer snowboard de montaña con raquetas y la tabla en la espalda. No está mal, ¡pero qué faena la suya!

En la montaña puedes encontrar de todo: nieve dura, nieve blanda, hielo, viento, mala visibilidad, sol… y por esto debemos de tener cuidado. Sin embargo, tiene la gran ventaja que te encuentras menos gente que en las estaciones de esquí y puedes disfrutar más de los espacios naturales. Es distinto, aunque uno debe de poner mucho de su parte porqué allí no hay nadie que revise si hay peligro de aludes, por ejemplo.

splitboard y yo Uno de los lugares favoritos de Marta.

En la caseta de snow siempre veía y oía que hablaban de innovaciones: tablas con diseños modernos o fijaciones más ligeras y resistentes. Yo solo escuchaba y asentía con la cabeza (en un mundo aparentemente de hombres, ya se sabe: déjalos y ya se verá), hasta que lo vi por primera vez. Se trataba de un split: un tipo de aparato con el que podías subir montañas como si fuesen unos esquís y bajarlas como si fuese un snow. La trajo un compañero de la caseta, allá por el 2000. Parecía un gran invento aunque no lo pude comprobar. Pasaron los años, dejé de trabajar en la estación de esquí para dedicarme a otras cosas y fue, pasados 4 años, cuando pude tener mi primer split entre manos. La tabla en cuestión era una Atomic Poarcher de 1,56m., con una serigrafía en blanco y negro y con el dibujo del perfil de unas montañas; por debajo, la suela igual, pero en rojo y amarillo. El sistema era diferente de los que había visto hasta el momento, aunque ya se sabe, todos tienen sus más y sus menos.

Desde entonces empezó mi gran carrera, aún no finalizada: aprender de nuevo. Aun recuerdo mi primer día probando el split en Vatller. La pista estaba helada y ventada mucho. Yo resistía al hielo y al viento, mientras me auto convencía: “¡Sube Marta, arriba y más arriba!”. Pero las condiciones climáticas me vencieron y caí unos 60m. abajo. No pude para hasta que una pilona me frenó con la cabeza. No me paso nada, solo me espanté y aprendí a hacerla funcionar mejor.

Desde que tengo el Split aun me he animado más y ahora ya hacemos otras cosas como Maladeta, Canal de Cristall, Nou Creus, Puigllançada, Pic de la Mina o Puigpedrons. Cuando no he terminado una excursión, ya pienso en la siguiente: busco rutas de esquí de montaña para hacerlas con el split y lo organizo todo con los colegas.

Pienso que el splitboard es un buen sistema para moverse por la nieve, ya que permite no cargar la tabla en la espalda a la vez que puedes prescindir de las raquetas…. ¡Pero nunca de los crampones!

El split y yo y yo y la montaña, pero siempre gozando de ella, de los amigos y, por encima de todo, de la nieve.

Salud amigos.

En la caseta de snow siempre veía y oía que hablaban de innovaciones: tablas con diseños modernos o fijaciones más ligeras y resistentes. Yo solo escuchaba y asentía con la cabeza (en un mundo aparentemente de hombres, ya se sabe: déjalos y ya se verá), hasta que lo vi por primera vez.